MANNY OQUENDO, EN EL CORAZON DE LOS BRAVOS

Manny OquendoDesde Caracas, Lil Rodríguez escribe, con su excelente pluma, una reseña sobre Manny Oquendo y el Conjunto Libre, antes de su presentación en esa ciudad este lunes 26 de junio (2006).

Y entonces resulta que los Orishas traen a Manny Oquendo al Centro de Arte La Estancia. Y lo traen acompañado de su impenitente llave, Andy González, y entonces los que sabemos que "Libre" es mas que un nombre, veremos que vamos a hacer para soltar el trajín temprano y poner el alma en dirección a Altamira. Y cuando le veamos, luego del paso estanciero de Brasil, Jamaica, Cuba y el Pibo nuestro, veremos en Manuel Manny Oquendo una buena parte de nuestra historia de impenitentes buscadores del ritmo con sentido y calidad, y nos sentiremos orgullosos, muchos, de no haber cedido ante tantas tentaciones baratas y malas. Y soltaremos las lágrimas porque frente a nosotros estará un patriarca del ritmo, en el que conciencia y cueros se hicieron una sola cosa. Y junto a él Andy González hará que nuestras "Imágenes latinas" sean como las concibió Palombo en la letra y él, (Andy) en la cadencia. Hace exactamente 10 años, César Miguel Rondón, infaltable cuando de esto se trata, me regaló un texto que hoy comparto.

Y es que Cesar y yo, como miles de miles, compartimos la devoción por San Manny. Vale la pena ahora compartir ese obsequio. Y esto fue lo que me regaló César:

Casa Hernández

En 1943 en el Spanish Harlem o Barrio latino de Manhattan, un niño de doce años se abstrae, como otros tantos, en el salón de clases. Su mente le baja el volumen a la voz de la maestra para sólo concentrarse en los ritmos silenciosos que le alborotan la cabeza.

El pupitre de madera es su primer bongó y lo repica acompasado, constantemente entre las enseñanzas de aritmética y las cabalgatas de Paul Revere, para disgusto y desespero de la ignorada maestra.

Y la señora Oquendo, después de tanta reprimenda no puede menos que ir a la escuela a dar las explicaciones del caso: el muchacho, como ella, ya están como locos, atormentados por el escándalo en que viven: Madison Avenue, entre la 106 y la 107, y en los bajos del edificio funciona "Casa Hernández", una destartalada pero muy bien surtida venta de discos que no encuentra otra manera de hacerse publicidad que poner la música todo volumen todo el santo día y toda la santa noche. ¡Usted comprenderá, señorita!

Así que Manuelito, el hijo de la señora Oquendo, al regresar de la escuela, lejos de encerrarse en las tareas, mas bien lo hace en "Casa Hernández" donde en silencio -porque siempre ha sido un muchacho muy tímido y callado- oye toda la larga muestra de sones, danzones, boleros y guarachas que el señor Hernández ofrece a su clientela.

Años después la situación empeora: huyéndole al escándalo de Harlem, y a lo mucho que cuesta vivir allí, la señora Oquendo va a parar a la calle Nelly, en el Bronx, y aquí Manuelito, para rematar su dicha y su destino, descubre entre las familias del vecindario a personajes como Noro Morales, Arsenio Rodríguez y a los dos Tito, Puente y Rodríguez ¡y ya no hay mas nada qué hacer!

Antes de la mayoría de edad Manuelito es Manny y su virtud en el timbal y el bongó la ha paseado, amén de todos los "Rooftops" donde se descargan los "afterhours", por las bandas de José Bidet, Marcial Rivera, Charlie Valero y la gran orquesta de don José Curbelo. Así pues, cuando a finales de los 50 estalla la fiebre de la pachanga el timbalero del ambicioso Johnny Pacheco no puede ser otro que el pesado percusionista del Bronx: Manny Oquendo.


Lo conocido

El resto es historia conocida para el buen melómano. "La Perfecta" de Eddie Palmieri en los 60 (carajo, es que era perfecta), las grabaciones en estudio con Tjader, Harlow, Joe Cuba, mas cuanta banda incipiente necesitara de un timbal arraigado y solvente, y, ya en los 70 el momento cumbre del "Folklórico y Experimental Nuevayorquino" y luego la conformación de su propia banda: "Libre", su criatura y su orgullo, suma de todas la experiencias anteriores, que le sigue acompañando hasta la fecha.

En "Libre", desde un primer momento le acompaña Andy González, joven y efectivo bajista con quien había compartido en los tiempos de Palmieri y que, curiosamente había nacido como él, el 1ero de enero, sólo que 20 años más tarde, en 1951.

La relación entre Manny y Andy fue desde el principio la de un padre con un hijo, con los altibajos de rigor, pero siempre inquebrantablemente marcada por una misma e invariable rutina: oir y conversar discos, ensayar, tocar aquí y allá, grabar los propios, para luego volver a oir y conversar los discos ajenos... Y esas conversaciones y esos discos favoritos llegaron en una grabación extraordinaria "More than Mambo": The introduction to afro cuban jazz" dos CD de colección… Aquí, ilustrados por las conversaciones entre Manny y Andy- en realidad habla mas el segundo porque ya advertimos que el primero fue siempre un niño 'tímido y callado'- escuchamos los disco que vienen alborotando desde los lejanos días de "Casa Hernández" mas todas esas grabaciones que de una u otra forma habrían de moldear el gusto y el estilo de tan singulares músicos. Entre otras, por ejemplo, escuchamos las primeras cosas de Machito, siempre según la osadía y las inquietudes de Mario Bauzá; Chico O'Farrill inventándose una orquesta para dar la única grabación vocal que se conozca de "Manteca", cantada nada menos que por Miguelito Valdéz…

Manny Oquendo sigue siendo tímido, callado y modesto. Alejado de los fastos de la fama y sus lentejuelas continúa grabando, como un curita de barrio, empeñado en su prédica, con su conjunto "Libre"… A lo mejor fue poco lo que pudo enseñar aquella vieja maestra de Harlem, y quizá ella misma, luego de las reprimendas del caso, ni siquiera lo lamentó demasiado. Lo cierto es que sin proponérselo jamás el verdadero maestro terminó siendo ese niño abstraído que un buen día, para nuestra fortuna sucumbió ante el escándalo de la destartalada "Casa Hernández".


César Miguel Rondón. Marzo de 1996

Entonces…

Como ya sabemos que quien es seguidor del "Libre" se maneja en esos códigos especiales que no admiten mas que calidad con historia y, por supuesto sabor, (no en vano Palmieri es matriz) no veremos mañana lunes en el Centro de Arte La Estancia. Bien por Cheffi y Santos y bien por Shangó quien de seguro, por músico, marcó el caminó. Ta'vení. A las seis es la cita. Ahí nos vemos.

Lil Rodríguez

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