RICHARD TRAJO SU FLAUTA

Nancy Morejón, como es Nancy en sus versos que rezuman la cadencia de la felicidad y la infelicidad y la piel y lo que va por debajo de la piel, supo entrever en los sesenta cuánto Richard Egües le había dado ya de consistencia a la cultura cubana.

Por: PEDRO DE LA HOZ ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. )

Sus labios nacieron para la flauta. Su alma para la música. Su vida para la Patria. Richard Egües era todo eso.

Nancy Morejón, como es Nancy en sus versos que rezuman la cadencia de la felicidad y la infelicidad y la piel y lo que va por debajo de la piel, supo entrever en los sesenta cuánto Richard Egües le había dado ya de consistencia a la cultura cubana. Nancy habló de los argumentos de Richard en un poema memorable, que Rembert y Gladys seguramente recuerdan.

En Santos Suárez y Lavapiés, en Cienfuegos y Banff, cruzamos infinidad de palabras. Admiraba a Jean Pierre Raspall, gustaba de Bach y Telemann, se volvía loco por el barroco y el jazz y nunca dijo ser el primero, como lo era, porque su humildad encajaba en su grandeza.

Me contó que El bodeguero fue una casualidad. Una de esas inspiraciones buenas para que su compadre, Rafael Lay, destacara a la Aragón. Rafaelito, el hijo, ayer estuvo ante su féretro, y los demás Aragones de hoy, conmovidos y tristes, como dice el bolero.

En las clases, no le pedía a los alumnos que tocaran más, sino que tocaran bien y, si fuese posible, imaginaran. "La música es como la poesía, imágenes, muchas imágenes, no se hace música de simples notas, sino de la expresión que cada cual le ponga a ellas", me hizo escribir en un cuaderno para que "sepan lo que quisiera que todos entiendan de mí".

José Loyola, flautista y compositor, lo corroboró con el siguiente comentario: "Fue el maestro de la flauta charanguera y del estilo de orquestación que caracteriza a este tipo de agrupación. Mi padre, Efraín, ocupó antes que él la plaza en la orquesta, al igual que Rolando Lozano. Richard asimiló ese legado y lo proyectó con una inteligencia musical indiscutible".

No podrán olvidarse nunca las palabras del propio Lay, dichas en Cienfuegos en el verano de 1982, en medio del bullicio del parque Villuendas, cuando no podía suponer que horas después encontraría la muerte en un absurdo accidente de tránsito: "¿Richard? Es el sello de la orquesta, el que más ha dado de sí por este timbre que tú percibes. Es muy modesto, no le da importancia a su aporte, lo suyo es sentir la música".

Richard estuvo muy enfermo en los últimos tiempos. Un grave problema renal se había agudizado. Hace pocos días, sin embargo, ante la intervención quirúrgica a la que fue sometido Fidel, expresó: "Si es necesario dar la vida por él ofrecería la mía".

Es que para Richard la dignidad conquistada por la Patria era una apuesta por su propia dignidad.

La flauta de Richard seguirá estando encantada entre nosotros.

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