Escrito por Xariell Sarabia - http://www.elheraldo.com.co/revistas/dominical/actual/noti5.htm
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Por Xariell Sarabia
Los músicos del laboratorio ‘palmeriano’ experimentan a sus anchas, aprenden el juego, lo asumen y trascienden la frontera de La Perfecta. El escritor argentino Julio Cortázar, afirmaba que en caso de un naufragio, donde sus pertenencias se encontrasen en peligro de empaparse y ser devoradas por los tiburones, rogaría para que salvaran a los discos: “que se pierda todo, menos los discos”. Cortázar fue ante todo, según su propio verbo, un gran melómano.
Por suerte creo tener casi todos los de Eddie Palmieri, de quien me gusta hablar hasta el cansancio. Les confieso que no encuentro personaje alguno en la historia de la salsa con trayectoria, guataca y bravura como la de Eddie Palmieri; hay que escuchar con cuidado cada uno de sus discos, dan una idea de cómo están o van a estar las cosas en la expresión salsera.
Tal vez no fue el que más vendió, pero siempre los críticos y sabihondos y, en definitiva, el barrio, que es el que posee más verdades en este tema, han puesto el ojo en Eddie Palmieri gracias a sus complejidades y sus cariños.
Hace aproximadamente un año lo vi tocar en vivo. Ante una infortunada mala noche de la Orquesta Harlow que inició la velada. Palmieri hizo girar los ánimos y los que estuvimos esa noche en el estacionamiento del Poliedro de Caracas presenciamos una inolvidable faena a la luz de la luna. Entre otras cosas, en la ya madrugada caraqueña, el bajista de la orquesta, Joe Santiago, tocó con un ¡bajo acústico!; no, no estamos hablando de un concierto en un teatro sofisticado, les hablo de un concierto de baile donde Santiago nos mostró una tremenda ejecución, con largo solo incluido. Una especie de muestra medieval si la comparamos con estos momentos de velocidad e inmediatez. Ese gesto de resistencia ofrecido por Joe Santiago representa mucho de lo que puede ser el camino a seguir con esta música. A eso nos tiene acostumbrados Eddie Palmieri.
Fue hasta el año 1991, después de 24 sin sonar en las tarimas de la capital venezolana, cuando muchos perdimos la virginidad viendo a Palmieri tocar con su orquesta. Dio tres conciertos y en el primero, cuando apenas salió al escenario del Teatro Teresa Carreño, el público lo recibió de pie. Él, emocionado, ejecutó un inspirado concierto. Se dio con todo.
Después invitó a cada uno de sus músicos a pasar al frente del escenario para descargar; ellos eran Jimmy Bosch, Bryan Lynch, Charlie Sepúlveda, entre otros. El acto consistía en aupar a los músicos para que tocaran con la mayor vitalidad posible ante el público, eso es Palmieri, quien tiene como misión poner a la gente a gozar de una manera profesional, con tremendos músicos, de los que siempre se ha rodeado.
Eddie Palmieri (15 de diciembre de 1936) ‘enredó’ las cosas a favor de la música caribeña. Neoyorquino de padres boricuas, madre músico, emuló a Charlie, su hermano mayor y uno de los mejores pianistas del Caribe. Eddie estudió en un conservatorio de música. Comenzó tocando timbal y se coronó en su primera orquesta cuando tenía trece años. Participó en la orquesta de Johnny Seguí (1955). Luego tocó con Vicentico Valdés (1956). Emoción le causó tocar con uno de sus ídolos: Tito Rodríguez (1958).
Después conocería a un hombre importante para esta historia: Barry Rogers, trombonista, jazzista y rockero que encabezaría la tradición de la vara en el movimiento salsero que apenas comenzaba. Rogers era considerado por Eddie como un genio, era quien realizaba los arreglos de los trombones, era quien hacia el coro junto a Palmieri; era quien sonaba duro y, aunque siempre tuvo problemas físicos, como sus labios que casi siempre sangraban, nada le impedía que se fajara como los guapos.
1961 sería el punto de partida de la Trombanga (mezcla de charanga con trombón), curiosa combinación que cambió las reglas del juego de este negocio con una banda de puros trombones que llamarían La Perfecta. El modelo que siguieron con La Perfecta no provenía de la charanga, más bien rescataban o se inspiraban en lo realizado en Cuba por el Conjunto de Chapottin, según contó Eddie en una entrevista de hace unos seis años.
Tocaban sin arreglos e improvisaban. Las piezas sonaban diferente en cada actuación: dos trombones haciendo sabrosuras entre el son montuno, el guaguancó o la bomba, las maromas pianísticas de Palmieri, con sus silencios, sus solos atravesados, estridentes, sabrosos, populares y exigentes, para elevar el disfrute del sabor y la fiesta.
Los músicos del laboratorio palmeriano experimentan a sus anchas, aprenden el juego, lo asumen y trascienden la frontera de La Perfecta. Willie Colón de alguna manera utilizó el mismo camino, aunque sin flauta y en su onda. Lo mismo se puede decir de la Dimensión Latina. El Conjunto Libre toma para sí directamente el sonido de La Perfecta, entre sus primeros trombonistas se encuentra ‘los perfectos’ Barry Rogers y José Rodríguez y su director será el timbal y bongó Manny Oquendo. En Caracas en los últimos tiempos, la banda local Bailatino se ha arrimado al mingo de La Perfecta: se distraen con su sonido y el del Conjunto Libre sin restricciones de ningún tipo. Sin hacer concesiones se meten de lleno en una salsa brava que ya pocos hacen, el ánimo de Palmieri está con ellos.
Cuando todo el ensueño de la salsa había desaparecido, Palmieri se mantuvo repartiendo alegría y sabor por todo el mundo con calidad, pasión e inventiva.
Yo les aseguro humildemente después de escuchar un montón de trabajos de muchos autores, que hay que poseer todos los discos de Palmieri. A mis amigos colombianos les digo, por nada del mundo se vayan a perder los conciertos de Eddie Palmieri.
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