
Héctor Martignon nació en Bogotá. Su padre es uno de los libreros más reconocidos de la ciudad, pero a él no le llamaban la atención las obras de Shakespeare, sino las fugas de Bach. Por eso decidió estudiar piano clásico en la Hochshule fuer Music de Freiburgo en Alemania, realizó talleres con Karheinz Stockhausen y Luigi Nomo y adelantó estudios de música contemporánea con Cornelius Shwer. Cuando aprendió todo lo que había que aprender, dejó todo lo aprendido a un lado y se dedicó a hacer su propia música.
Sus primeros trabajos independientes estuvieron en el Jazz, alternando a veces con las figuras orteamericanas que visitaron Alemania. Luego incursionó en el Jazz Latino, pero terminó aburrido con los moldes tradicionales del género e incluso con su nombre. Latin Jazz no es una denominaciónde su preferencia. Martignon piensa, como Michael Camilo, que sería preferible llamarlo El Rítmo del Tercer Mundo, aquello que rescata la sonoridad caribeña con elementos modernos.
Y precisamente buscando esa sonoridad se encontró con el saxofonista Raul Gutiérrez, quien lo llamó para que integrara el grupo Irazú. Martignon debía reemplazar al pianista colombiano Eddie Martínez, lo que consiguió con creces y asombrando al público. A finales de los ochentas, Irazú se había convertido junto a Conexión Latina, en el grupo musical caribeño más importante de Europa. Gracias a su mediación, su hermano César también integró la banda que tocaba Jazz y rítmos antillanos.
En 1990, Hector trasladó su residencia a Estados Unidos, creando allí el conjunto Latin New York Band, lo que le permitió entrar de lleno al mundo de la Salsa. La habilidad que desplegaba en su piano hizo que a los pocos meses pudiera tocar en grabaciones y conciertos para cantantes como Celia Cruz, Ismael Quintana y Pete "El Conde" Rodríguez, además de ser invitado como acompañante de los percusionistas Ray Mantilla, Daniel Ponce y Ray Barretto.
Fuecon Barretto precisamente que Martignon conoció a sus dos futuros socios, quienes estaban vinculados a la orquesta del llamado "Manos Duras". Uno era japonés, había estudiado en Berkeley y tocado en la Orquesta Sinfónica de Colombia bajo la dirección de Francisco Zumaqué. Se llama Satoshi Takeishi. El otro era colombiano y a diferencia de su colega, había pasado de la Salsa a la música clásica, tras un trabajo previo con Eddie Palmieri y Nestor Torres y uno actual en la Sinfónica de la Universidad de Yale. Se llama Jairo Moreno.
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Hubo un tiempo, en la primera mitad del siglo XX, que los cantadores campesinos caribeños eran conocidos sólo por sus sobrenombres. Unos se hacían llamar Cítola o Cornamusa, otros Maldicorpo o Ancho, unos cuantos Preciosa o Pedro Agudo, y algunos más El Clarín de Palatino o El Clarín de Las Villas.
Comentarios
No sé si la repetición por error del primer parrafo habrá hecho que dejase algo de información fuera de esta publicación.
Por lo demás se agradece que se haya dado el tiempo de traducir al español esta información.
Saludos!
Beatriz
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